| Año II - Viernes, 3 de septiembre de 2010 | ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
La alambicada mente de una mujer de teatro
Vicky Peña es una de esas actrices que traspasa del escenario al patio de butacas sin necesitar más artificios que su voz y su mirada. Sencilla pero con unas ideas firmes y claras, huye de todo tipo de dogmatismos, incluso de los suyos propios, y corre a rectificarse y a matizar lo que ha dicho para tratar de no excluir a nadie de sus palabras. Habla y en su mente bullen todo tipo de ideas, como en un caudaloso río que se desborda, como la vitalidad que transmite cuando se la tiene delante, sobre todo, hablando de teatro y de la gente de teatro. Una profesión que llevaba en la sangre y con la que se ha comprometido desde hace más de treinta años pero que, sin embargo, es muy consciente del valor y la importancia que tiene. Camaleónica, también se atreve a jugar al juego del cine, y también traspasa la pantalla. Siempre con personajes que tengan algo que decir, ¿si no para qué malgastar tiempo?
Ahora ha decidido marcharse una temporada a Kabul y perderse entre un mar de burkas azules en la polémica obra de Kushner aunque apostamos a que, sin la rejilla, se podrían reconocer sus ojos.
Respuesta. Mas que qué busca en Afganistán habría que plantearse de qué huye en Londres. Huye de sí misma, de un profundo malestar, de una profunda insatisfacción, de una desazón muy grande, personal, de pareja, de familia, de sociedad... Y decide que va a estar mejor debajo de una burka que bajo la burka de los antidepresivos, de la indiferencia, de la insatisfacción, del autodesprecio y del desprecio de los demás... Quizás.
P. En el fondo nuestra sociedad, tan occidental y tan avanzada, es tan opresiva en algunos momentos como la sociedad afgana aunque de otra forma y sin llegar a determinadas situaciones.
R. Con la burka no, pero sí estamos muy encadenados. El otro día lo comentaba con un conocido. Frecuentemente tengo la sensación de que somos unos esclavos. Tenemos la vida hipotecada, dependemos de muchas cosas. Nos hemos creado muchas cadenas: de sonido, coche con GPS, el dinero y las tarjetas de crédito, el móvil... nos hemos creado una serie de dependencias y, realmente, llega un momento en que no tienes tiempo para ti mismo. Y hay gente a la que eso le produce mucho malestar y mucha ansiedad. No tienes tiempo de saber cuál es tu pulso, qué piensas verdaderamente. Hay tanta información, tantas posibilidades, tanto juego sin jugar... que llega un momento en que uno se pregunta "bueno, ¿yo tengo tantas ganas de jugar a estos juegos, o simplemente me he dejado arrollar por la posibilidad de que el día que quiera ver una película la voy a poder ver estupendamente, con tanta definición y tanta cosa? ¿Realmente me vale la pena hipotecar mi vida hasta tal punto?".
Nunca compararía las libertades que hay aquí con las que puede haber en un país como el que estamos hablando, Afganistán, un país que en el momento que se reproduce en la función y que, lamentablemente, parece que está tomando de nuevo relevancia, tiene un gobierno que no permite ninguna libertad individual, y no digamos ya para las mujeres. Pero no sólo ya para ellas. En la obra hay mucha gente que se muestra sojuzgada, sometida. Hay un vendedor de sombreros que antes era actor y que ahora no puede hacer su trabajo porque nada se puede representar, no puede haber música, las etnias que no son las mayoritarias están perseguidas... quiero decir que es un estado de sojuzgamiento y falta de libertad terrible.
Pero, paradojas de la vida, parece que aquí hemos conseguido, teniendo toda la libertad, darle la vuelta al calcetín y ser un poco presos de nosotros mismos.
| “Los actores somos actores y en todas partes somos iguales: el lenguaje que hablamos, la materia que tocamos, lo que nos ponemos a hacer todos en cuanto nos ponemos a hacer teatro, es muy parecido.” |
P. Hasta el punto, por ejemplo, como hicieron en EE.UU., de catalogar la obra como un alegato talibán.
R. Algunas personas de algunos lugares cercanos al poder de EE.UU. tienen una tendencia, como en muchas otras partes, incluso aquí, de pensar que "si no estás conmigo estás contra mí", de radicalizar discursos diametralmente opuestos. Sólamente hay aquí o aquí (dice señalando dos puntos en la mesa) , y se olvidan de que hay toda una línea de circunferencia que ofrece una serie de posibilidades. Catalogar esta obra de alegato talibán, pro-talibán, me parece demencial en el sentido de que quien lo dijo es un demente, sin duda.
P. Sería una obra sobre los perdedores, en todo caso. Una obra sobre la gente que está oprimida: el traductor que no puede escribir, el vendedor de sombreros que no puede actuar, la bibliotecaria que no puede ejercer...
R. Sí, creo que es uno de los hilos principales de la obra. Creo que en esta obra se conjugan muchos colores, muchos hilos de distintas texturas. Ése sin duda sería uno. Otro, sería una cierta dialéctica oriente-occidente, observar los daños que ha hecho el colonialismo expoliando fuera, acumulando riquezas que quizá nos estén ahogando por un lado o por otro; una dialéctica hombre-mujer; también pone sobre la mesa la capacidad de comprenderse o de no comprenderse con el lenguaje, sean lenguajes distintos a los nuestros o sea el nuestro propio; la pretensión de que haya un lenguaje universal, como lo hubo en un momento con el esperanto y que no llegó a cundir por lo que fuera, y otro lenguaje que está existiendo en este momento, que es por ejemplo el de internet, que es una de las líneas del marido. Mientras todo se resuelva en unos y ceros, en códigos binarios, en duales, ahí es capaz de entenderse, pero sin embargo no es capaz de entender a su mujer, ni a su hija.
El desprecio de un ser humano, la falta de empatía de un ser humano hacia seres muy cercanos. El desprecio con el que el marido, por ejemplo, habla de otras etnias... Lo que pasa es que lo hace de un modo que resulta casi simpático, pero duele mucho cuando lo oyes cada día. Estás en el camerino y oyes eso, el desprecio con el que hablan esas gentes...
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| Vicky Peña durante su monólogo en Homebody/Kabul. |
P. La falta de comprensión con su hija...
R. Con su hija. Por ejemplo, después de que le hayan dicho que seis de cada diez niños mueren en el nacimiento, se sume en el desespero más absoluto porque su hija ha matado a su nieto. La falta de capacidad que tenemos de relativizar nuestros propios dolores comparándolos con auténticas tragedias humanitarias, el individualismo frente al colectivismo...
Yo creo que Kushner es un autor que pone encima de la mesa muchas cosas, todas ellas muy pensadas, muy calibradas, pero no emite tampoco juicios de valor. Le da voz a todo el mundo. Deja hablar incluso al talibán y, aunque uno no esté de acuerdo con él, hay algunas de las cosas que dice que son ciertas: Estados Unidos les ha machacado, Inglaterra les ha abandonado, Rusia les ha... El hecho de que tenga alguna parte de razón, alguna, no significa que el autor le esté dando la razón porque le dé voz en ese coro de seres humanos que hay. Quiero decir que hay muchas pastas ahí mezcladas, hay muchos ingredientes.
P. En el teatro es mejor que el juzgue sea el espectador y no la obra.
R. En el teatro y en todo en la vida. A mí los discursos doctrinarios me asustan un poco. Me asusto cuando yo misma me encuentro a veces diciendo cosas un poco, no dogmáticas, pero cosas en las que creo firmemente y las expongo. No intento convencer a nadie, intento exponer mis razones. Creo que el teatro tiene que dar razones. Y luego el criterio de cada cual tiene que funcionar. El problema es que tenemos unos criterios un tanto deformados, mediatizados o tamizados...
Es muy difícil mantenerse al margen de la sociedad, es difícil apartar la curiosidad, el interés, y luego formarse una opinión y que esa opinión lleve a una decisión y que esa decisión luego sea compartida... son hilos difíciles. Mantener una cierta, no pureza, pero sí independencia de criterio es muy complicado. A mí me interesa ese teatro que pinta un panorama y "allá te las compongas tú". Esto está totalmente alejado de lo que prefiere la mayoría de la gente. Mucha gente sigue queriendo el planteamiento clásico de planteamiendo, nudo y desenlace, y además que gane el bueno y que se case con la chica si puede ser.
P. Y que sea guapo.
R. Y que sea guapo, claro. O que muera el malo, que sea castigado. La vida lamentablemente está muy lejos de ese paradigma de cuento de hadas y buenos puros y malos puros, sin duda.
P. ¿Es difícil ser comprometido en los tiempos que corren? ¿Hay que pagar muchos precios por el compromiso, siendo actor?
R. No sé, yo tampoco sé si soy una persona comprometida. Con mi profesión desde luego sí lo soy, en varias cosas. No lo sé, supongo que sí... algunas cosas duelen, o saben mal en algunos aspectos. Siempre hay que pagar algo o dar algo a cambio de, o no tener a cambio de tener otra cosa. No se puede tener todo.
| “La protagonista huye de sí misma, de un profundo malestar, de una profunda insatisfacción, de una desazón muy grande, personal, de pareja, de familia, de sociedad...” |
P. En cuanto a su personaje en la obra, ¿cómo se las ha apañado para manejar el vocabulario con esa soltura? Porque supongo que cuando un actor se maneja con palabras que usa habitualmente debe ser mucho más sencillo que cuando tiene que decir una serie de vocablos que no usa.
R. Tampoco hay tantos tantos. Hay algunas palabrejas. Yo creo que el autor es lo suficientemente hábil como para ir trufando el discurso con algunas palabras que ella, además, menciona y hace hincapié en que habla raro y en que las palabras especiales le gustan. Pero tampoco hay tantas. Lo que sí hay es una construcción sintáctica muy enrevesada, está todo muy lleno de relativas, de subordinadas, de divagaciones, se pierde y luego reanuda. Realmente tiene un recorrido de pensamiento, un recorrido mental, muy alambicado, en sentido de que va haciendo unas curvas muy retorcidas. Pero no hay tantas palabras raras. Hay algunas difíciles de pronunciar, pero que a veces las decimos. No sé... a mí "inimaginablemente", pues no es difíl, lo puedes decir.
P. Yo recuerdo una que me estaba preguntando qué quería decir, y justo en la siguiente frase decía "lo que acabo de decir significa"...
R. Antilegomenoi. Esa palabra yo no la había oído nunca. No la había oído jamás, y me he enterado de lo que significa por esta obra.
P. ¿Cómo ha sido el reencuentro con Mario Gas? Volver a trabajar con él.
R. Pues el reencuentro con un viejo amigo y conocido del escenario. Con Mario trabajo siempre muy cómoda... entre paréntesis, entre comillas, entre corchetes. Porque Mario es muy exigente, muy esctricto de algún modo. Es muy difícil de explicar, porque tiene un rigor profesional y personal enorme, y en cambio como compañero de juego, como director, es tan elástico, tan abierto, tan moldeable, tan permeable a todo lo que tú puedas ofrecerle, que resulta difícil compaginar estos dos aspectos.
Por ejemplo, hay algunos actores que, a veces, se quedan como un poco perplejos de que Mario no sea más director de tráfico, por así decir, de que no marque más cosas... deja muy libre al actor, y entonces tú te encuentras muy perdido ahí en el espacio. Pero cuando encuentras una agarradera o tocas un punto que él ve que puede funcionar bien, o que está acorde con lo que él cree que tiene que ser el personaje y de lo que tú, como actor o actriz, le puedes dar para servir ese personaje, ahí te ayuda y te dice "sí, por ahí, por ahí". Y en cuanto te desvías... te dice "tú mismo". Es muy difícil explicarlo.
En todo caso mi trabajo con él es siempre muy grato, nos entendemos muy bien, nos conocemos bien, hace muchos años que trabajamos juntos. La primera vez que trabajamos fue en el 78, de modo que hace casi 30 años. Y aunque durante un tiempo trabajamos esporádicamente luego ha ido habiendo una regularidad muy grande y hemos trabajado en cosas muy comprometidas, o en personajes con mucho cuerpo, y sé bien qué busca o qué quiere de las obras, qué busca o qué quiere de mí... siempre me sorprende, porque me aprieta un poquito más la tuerca, siempre está dando otra vuelta... pero como a mí lo que me gusta es ensayar, que me reten, que me exijan, servir la obra, porque no se trata de hacer alardes ni ejercicios de virtuosismo.
Aunque en esta obra a veces me dicen "¿cómo lo haces? pero..." y contesto que es mi oficio, estudiando, haciéndolo. Me parece más admirable picar piedras doce horas en una mina o más respetable. No creo que se trate de hacer alardes, pero sí de servir un personaje y que ese personaje esté sirviendo la obra, dentro de lo ciertos o equivocados que podamos estar el equipo humano que, dramática y técnicamente, abordamos esta puesta en escena. Con Mario siempre es un placer y me entiendo bien con él.
P. ¿Y trabajar en cine con él es igual?
R. Bueno, solamente hemos trabajado juntos en El Pianista, y sí. Ahí con otros aditamentos técnicos, porque en cine tú sabes que lo que hay no es sólo el actor ante el público. El intérprete tiene un componente dramático que tiene que trabajar, pero luego hay otros. Cuando llegas al set, si el foco está aquí, tú estás aquí, la cámara está aquí, esta pieza va a aquí, tu compañero está aquí... pues además de hacerlo con todo el sentimiento tienes que hacerlo con la cabeza torcida y, en un momento dado, cuando llegas a esa frase tirarte para atrás porque es necesario. El cine tiene unas leyes un poco absurdas técnicamente pero son las que funcionan para que luego el montador tenga racord para cortar. Es todo una cadena.
Pero en la ocasión en que yo trabajé con él y los ratos en que fui a visitar el plató de rodaje, porque me gustaba mucho la novela de Vázquez-Montalbán, a ver algunos de los decorados que se rodaban en barrios de Barcelona que estaban destruyendo, lo que luego se vió en En Construcción, la película de Claudio Guerín (muchas de las historias que pasan por los terrados y en algunas de las casas de El Pianista eran en esa zona), había también algo como que estaba... voy a decir palabrita: "periclitando" en ese barrio barcelonés y que me gustaba vivir y saber que luego iba a quedar en el cine. Y me gustaba ver a Mario dirigiendo cine. Es que Mario es un ser humano de una talla no habitual. Y como profesional también.
P. Además Mario Gas lleva cuatro años al frente del Teatro Español que ha cambiado completamente desde que cogió sus riendas...
R. Sí. Tengo entendido que sí. Yo no vivo en Madrid, habitualmente vivo en Barcelona, pero es normal que cada director imprima un sello, un pulso, una vitalidad, al lugar en el que trabaja. Y un asunto tan... sensible creo que es la palabra, como es la programación de un teatro no puede dejar de mostrar la personalidad de quien lo dirige. Mario es una persona distinta de quien lo dirigía antes, no diré si mejor o peor, pero es diferente y eso se nota.
| “Creo que el teatro tiene que dar razones. Y luego el criterio de cada cual tiene que funcionar. El problema es que tenemos unos criterios un tanto malformados, deformados, mediatizados o tamizados...” |
P. ¿Cómo ha sido el trabajo en Homebody/Kabul con actores de otras culturas?
R. Yo no tengo trato con ellos en escena pero el teatro se nutre de muchas cosas. Uno está sobre el escenario solo o acompañado pero, en realidad, cuenta tanto como el rato que estás con ellos antes, durante los ensayos, cuando te cambias, la cervecita de después en el bar, si te ves por las mañanas haciendo cualquier otra cosa... Y los actores somos actores y en todas partes somos iguales. Yo diría que, incluso, la "gente de teatro". He conocido escenógrafos, directores, actores y autores de sitios muy diversos y somos iguales en todas partes. Iguales. Los hay que van de divinos, los hay que van de normales... pero aquí, acá o acullá. Sin embargo, el lenguaje que hablamos, la materia que tocamos, lo que nos ponemos a hacer todos en cuanto nos ponemos a hacer teatro, es muy parecido.
Y con ellos ha sido, por un lado, como habitual, normal, aunque hablamos en inglés, francés o lo que sea pero nos entendemos. Esa ha sido la diferencia. En todo caso, ha sido muy enriquecedor.
P. Y, después de cantar a Kurt Weill, ¿ vas a hacer algún otro musical?
R. Seguro. No sé cual, ni como, ni cuando.
P. De hecho, también has hecho musicales con Mario...
R. Sí... Varios, varios. Desde el 84, que hicimos la Ópera de perra gorda, luego vinieron Golfus de Roma, Sweeney Todd, Guys and dolls y Little night music... Creo que ya está.
P. El último, con canciones de Weill...
R. De Mahagonny a Youkali no tiene nada que ver con Mario, aunque hubo un crítico que, cuando lo hice el año pasado en el María Guerrero, se pasaba la crítica hablando de él ante mi desespero. Le contesté, cosa que no hago nunca preguntándole que por qué. Todo, desde el titular a toda la crítica hablando de Mario... ¿No hay nada que mencionar en el espectáculo?
Así que sí, volviendo a la pregunta de antes, yo espero hacer pronto otro musical. Ahora él está metido en el Mahagony aquí, y creo que va al Matadero (el Matadero Madrid es otro teatro programado por el Teatro Español) . Pero yo en ese no estoy.
P. Ahora se dice que hay un resurgir de los musicales en Madrid, con obras muy distintas. Cuando ya se han hecho desde hace veinte años ¿cómo se entiende que se diga que ahora se hacen musicales en España?
R. Bueno, yo creo que el musical ha existido siempre en España. Tenía un género propio, el género chico, la zarzuela, la opereta... y siempre lo ha habido. Lo que era el género propio musical tradicional se abortó, creo, porque en toda la época del franquismo se intentó, no por parte de todo el mundo... pero sí quizá la el público general (el público de zarzuela siguió yendo al teatro a verla sin ningún problema) percibió que algunas zarzuelas pretendían preservar los "valores patrios" y estas cosas que se decían y que sonaban un poco a casposo, sobre todo las que se hacían por televisión, o por ciertas compañías que, igual, no tenían suficientes medios.
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| El azul de la burka es el único color brillante entre las sombras de Homebody/Kabul. |
Y, entonces surgió un nuevo latir musical como fueron el pop y el rock, que realmente hicieron vibrar a la gente joven y que arrasaron el panorama en todo el mundo de una forma brutal, y aquí también. Y algunas cosas que eran buenas y valían la pena musicalmente, quedaron arrinconadas, digamos.
Ahora, pues está costando hacerlas reflotar y darles de nuevo el valor que tienen. Aunque hubo mucha gente que a lo largo de la etapa de la dictadura franquista siguió cultivando la zarzuela con amor, con respeto, pasión y delicadeza. Pero la percepción por parte del público no fue muy buena.
Mientras tanto, en otros países, se mantuvo una tradición de género musical, de opereta, que luego fue evolucionando a través de Gilbert y Sullivan, en Inglaterra, Gerswing, Cole Porter, en Estados Unidos, y supo encontrar un lugar dentro del teatro musical, alejado de la ópera pero dentro del género musical.
Pero hay obras musicales que son auténticos textos teatrales de calidad, que además tienen música, y hay otras que son una auténtica bazofia hechas de colorines y de cuentas de colores (como las que les daban los colonizadores a los indios, que se quedaban encantados). Aquí hay un cierto papanatismo en ese sentido y nos parece que si viene el musical de Broadway somos muy modernos... y se ven algunos verdaderos desastres.
El teatro musical, si es teatro y está bien, si cuenta algo, porque en el teatro de lo que se trata es de contar algo, es interesante. Si se trata de hacer cortinas de humo, a mí no me interesa. Creo que muchos de los productos, porque eso son productos realmente, musicales que se hacen en algunos escenarios, no sólo de Madrid, en Barcelona también ocurre, son "calorías vacías", pero hay otras cosas que están muy bien. No me gusta generalizar.
P. A pesar de que tu personaje no se lo ponga, ¿te has probado el burka?
R. Me lo pongo cada día. Hay un momento cuando la chica sale a la calle hay unas mujeres a las que pregunta donde está el hospital y una de ellas soy yo, porque había que hacer bulto. De modo que me lo pongo cada día y es una sensación muy sofocante, muy angustiosa, muy desagradable. Pero tengo entendido que el burka no es lo que peor llevan las mujeres afganas. Llevan mucho peor no poder salir de casa, no tener acceso a la educación, al trabajo, a la sanidad. Eso es terrible. Según nos han contado algunos compañeros te pueden tomar, violar y al cabo de un momento repudiarte. Algunas consideran el burka como una forma de desaparecer.
H.
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